jueves, 11 de febrero de 2010

Mensaje a un abstencionista

Apreciado Lucas:

He leído con atención su mensaje. En este momento yo soy uno de los candidatos que reclaman los votos de aquellos a quienes usted les da catorce razones para no votar. Tal vez por eso, sus palabras aparecieron en mi muro de facebook. No quiero desecharlas, como harán otros varios. Y le contestaría, de eso puede estar seguro, si estuviera o no estuviera en este evento. Así lo hice cuando fui columnista de El Espectador. Al final de esa época, invertía mucho más tiempo en contestarle a mis contradictores que en escribir la columna. Y cada semana tenía que responder más de doscientos mensajes, por lo general insultantes, de los partidarios de una política tradicional, que en Colombia es sinónimo de una política complaciente, arrodillada y corrupta.

Voy a referirme, con brevedad, a sus catorce razones. Desde la primera hasta la séptima consideración, estoy totalmente de acuerdo. Basta tener una mínima perspectiva histórica para saber que usted, y quienes piensan como usted, tienen razón. La situación del pueblo no mejora, las elecciones son manipuladas (y las denuncias que se hacen al respecto caen en oídos sordos), a los mejores los asesinan, los medios de comunicación son unas ollas podridas, la financiación de las campañas es la cueva de Rolando, en la que intervienen dineros mal habidos que buscan lograr ventajas indebidas (y las logran), las elecciones se usan como una especie de opio que duerme a quienes podrían llegar a hacer algo por el país y por sus gentes, y se ganan amarrando los votos, pagándoles y corrompiendo a los electores de base, ofreciéndoles gabelas inmediatas que no tienen nada qué ver con sus sueños, esos "sueños que no caben en las urnas".

Pero, de la octava razón en adelante, tengo algunas discrepancias. En la octava afirma, por ejemplo, que todos los candidatos son iguales, y que a ninguno le interesa cambiar el sistema. Usted no me conoce, claro está, pero quiero darle un solo dato, que se relaciona también con la cuarta de sus consideraciones. En Colombia, de la que salí hace ocho años amenazado por el narcotráfico y el paramilitarismo que ya desde entonces rodeaban al candidato Uribe, escribía una columna en El Espectador bajo el nombre genérico de "El señor de las moscas". Me amenazaron y me desterraron por lo que allí decía. En el año 2001, mi columna fue considerada "una de las más leídas en Colombia". Seguí escribiéndola desde el exterior, hasta que el periódico de los fabricantes de cerveza resolvió que no más y me censuró para siempre. Hoy, todos pueden escribir y decir lo que quieran (o, bueno, por lo menos podían), menos una sola persona, que soy yo. ¿Y sabe por qué me censuraron? Porque mis denuncias no etran contra los protagonistas sino contra el sistema. Los verdaderos protagonistas montan tinglados en los que mueven marionetas para poder seguir manipulando y haciendo negocios. En mi última columna, la que motivó mi silencio para siempre, me limité a hacer una enumeración de personas "notables" en el país, uniéndolas por el signo igual. No recuerdo el orden, pero el sentido es el mismo: "Pedro Rubiano = Tirofijo = Norberto = Julio Mario Santodomingo = Ernesto Samper = Amparo Grisales = Carlos Castaño = Álvaro Uribe...", etcétera. Todos los notables unidos por el signo igual, porque todos son iguales.

Pero yo no soy igual. Por eso no me dejan escribir. Por eso quiero llegar al Congreso. Para no ser igual. Para demostrar que su novena razón sí puede tener excepciones. Mi presencia no legitima la dictadura de Uribe. Más bien, le pone una piedra en el zapato a esa dictadura y a todas las dictaduras. Betto, el caricaturista de El Espectador, lo señaló en uno de sus últimos dibujos: Uribe, detrás de una mosca que tiene mi cara, tratando de aplastarla con un matamoscas. Seguramente me aplastará, pero a mí me parece que vale la pena ser aplastado en el intento de derrumbar el sistema.

Porque lo que importa, usted lo dice bien, es el sistema. Ya hablamos de los protagonistas, que son apenas unos payasos de circo de pueblo (dicho con el mayor respeto por los payasos de los circos de pueblo que son mucho mejores que los protagonistas). Discrepo entonces de su novena razón, pero participo de la décima, en caso de que esos sueños, que usted no menciona, sean los mismos míos: lograr que todos los colombianos quepamos en Colombia, buscar que, unidos, logremos construir en el país un camino de dignidad. En una palabra, respirar en libertad, ser libertarios.

Y respecto de las cuatro últimas razones, discrepo y no discrepo. En la once, de acuerdo en que el futuro lo construyen las manos de los trabajadores, que no son las manos de los políticos. Pero saco mis manos, por favor, bastante trabajadoras de por sí, cansadas de luchar, nada pulidas y en absoluto corruptas. Leyendo su frase miré mis manos. No tengo por qué avergonzarme de ellas. Por el contrario, han trabajado siempre con honestidad. Y no han buscado enriquecerse. Hoy soy uno de los millones de colombianos que bordean peligrosamente el nivel de miseria. Es más, en los Estados Unidos, donde vivo, mis hijos y yo hemos sido calificados como parte del sector de la población que sobrevive "en la miseria".

¿Y la doce? Basta decirle que no me importa mucho estar "allá arriba". Me importa, sí, hacer oír mi voz. Me importa debatir con personas como usted, con quienes tenemos acuerdos y discrepancias. El debate es una de las principales razones de la política. Estar arriba es para los escaladores y los ascensoristas.

Respecto de la trece, voy a hacer una propuesta. Vamos a ejercer sobre mi ingreso como congresista, si es que llego a serlo, una veeduría estricta. En este momento debo aquí y allá muchísimo dinero. Eso es lo que me ha costado el exilio. Usemos mis primeros salarios en cubrir esas deudas, ¿le parece?, porque quiero cumplir con todas ellas. Pero luego, con base en los mismos, separemos una suma decorosa para que yo pueda vivir, y empleemos lo demás en constituir un fondo de ayuda, manejado por todos, que se dedique a apoyar proyectos comunes, relacionados con la formación democrática que reafirme a nuestra gente en su derecho a la discrepancia, pero que le enseñe el valor de votar. Porque, estoy seguro, un solo voto puede cambiar un mundo.

Y no nos queda sino una: la catorce. Otra vez de acuerdo, con un mínimo desacuerdo. Pienso que el voto es una forma de presión civil y de desobediencia. Y que hay que ejercerlo.

Si usted vive en Colombia, no espero su voto. Para votar por mí es necesario vivir en el exterior. Somos 6 millones de colombianos los que vivimos por fuera del país, muchos de ellos en condiciones infames. De esos seis millones habrá uno en capacidad de votar. De ese millón, se acercarán a las urnas cien mil personas. De esas cien mil personas votarán por los de siempre noventa mil. Pero con base en los diez mil que quedan, vamos a construir un nuevo país. Seguiremos adelante y nada ni nadie podrá detenernos. Lo invito de una vez a que forme parte de la caravana que haremos, partiendo de Quito hacia el 20 de junio, para llegar a Bopgotá el 20 de julio, que es el día en que Colombia celebra la fecha clásica de eso a lo que llaman "independencia". Pamplinas, mi querido Lucas Vidal. Simplemente pamplinas.

Reciba un abrazo,

Fernando Garavito



Respondiendo al mensaje de Lucas publicado en facebook el 10/02/2010

Catorce razones para no votar:

1. Porque aunque cambien los gobernantes, representantes y legisladores la situación del pueblo nunca mejora.

2. Porque no ha habido ni hay ninguna garantía de que nuestro voto se respete y de que lo que nosotros ponemos en una urna sea lo que aparece en los conteos.

3. Porque cuando el pueblo elige a alguien honesto y consecuente con las necesidades del País la oligarquía lo mata o le roba el triunfo.

4. Porque los medios de comunicación manipulan a la opinión pública y niegan el derecho de expresarse a cualquiera que sea una verdadera amenaza para sus intereses.

5.Porque mientras las campañas sean financiadas con enormes sumas por los grandes capitalistas no habrá igualdad ni libertad para llegar al poder.

6.Porque el voto crea la falsa ilusión de que elegimos mientras nos tranquiliza con la esperanza de cambiar algo en próximo periodo electoral.

7.Porque el sistema electoral fomenta la corrupción y la violencia, al aprovecharse de la necesidad, la ignorancia y el miedo; comprando, engañando y amenazando conciencias.

8.Porque siempre los discursos son diferentes en su forma pero iguales en su contenido, porque TODOS los candidatos son IGUALES y a ninguno le interesa cambiar el sistema que oprime y empobrece a nuestra gente.

9.Porque aún los candidatos de oposición legitiman con su existencia a la dictadura por el sólo oportunismo de figurar a sabiendas de que no se le pueden oponer.

10.Porque ningún representante representa ni puede hacer realidad nuestras necesidades, anhelos y sueños.

11.Porque la construcción de nuestro futuro sólo puede estar en nuestras manos trabajadoras y no en las pulidas y corruptas manos de un político.

12.Porque al votar legitimamos todos los desastres, robos y atropellos que cometan cuando estén allá arriba.

13.Porque ellos sean o no corruptos viven de nuestros impuestos, despilfarran en casas, carros, viáticos, cócteles y recepciones desvergonzadamente cantidades de dinero que nosotros ni con una toda una vida de trabajo lograríamos obtener.

14.Porque no es el voto sino la presión civil, la desobediencia y la abstención activa las que históricamente han obligado y obligarán a los gobernantes a hacer la voluntad de los gobernados.
POR ÉSTAS Y MUCHAS OTRAS RAZONES NO VOTEMOS, NO LEGITIMEMOS A LOS QUE NOS ATACAN!

1 comentario:

  1. Compa, primero que todo un saludo y una aclaración, las catorce razones no las escribí yo, fueron el resultado de un trabajo en grupo de varios de los creadores del mismo. Segundo, una impresión personal, compañero, su carta me arrancó una mueca de amarga extrañeza al darme cuenta que lo que yo creía especie extinta, la de aspirantes a representar a un pueblo, crédulos en la democracia y convencidos de que el voto en este fraudulento sistema sirve de algo, aún existen, se nota que no es muy versado en las lides políticas. Tercero, le invito a analizar a fondo qué tanta labor a favor del pueblo puede hacer desde ese nido de víboras que es nuestro congreso y que tanto de su autoridad moral como crítico del sistema perdería al entrar en el circo. Cuarto, al generalizar partía de una premisa por lo visto falsa, la de que todos los aspirantes a esos cargos eran conscientes de lo vano de sus esfuerzos y hacían un simple papel teatral; de verdad que lo leo y no lo creo, me parece inaudito que alguien después de ver y sufrir nuestra realidad y de reflexionar sobre lo estéril del trabajo de los, no lo niego, brillantes opositores al régimen, aún crea que hace algo mancillando su nombre al ponerlo en un tarjetón. Quinto y último, quiero plantearle unas preguntas: ¿Qué han hecho por el bienestar de nuestro pueblo todos los opositores que se expresan dentro del sistema? ¿Qué han logrado más que legitimar retardatarias leyes con sus debates si al final por más reprobables que sean terminan aprobándose a pupitrazo? Dígame con sinceridad ¿qué poder real tiene usted desde el cargo al que aspira para hacer lo que piensa si no hipoteca su honra para que le aprueben las bancadas mayoritarias algún micro proyecto?
    Le envío un abrazo porque aún no ocupa el puesto al que aspira y siento realmente la pérdida de un periodista crítico para ganar un político.

    Lucas Vidal Alape

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